En este segundo domingo de mayo, día en que muchos hogares se colman de alegría y celebración hacemos una pausa para expresar nuestro saludo, reconocimiento y gratitud a todas las madres de nuestra Iglesia Metodista, asimismo a las madres del Perú y del mundo. Nuestra madre es aquella mujer que está con nosotros en forma incondicional quien en momentos de tristeza nos consuela; en el equívoco nos comprende; en la lucha nos presta sus armas; en el silencio nos acoge; en el error nos corrige y en la alegría nos abre su corazón.
Queremos reconocer a aquellas madres sin voz, a las que luchan por tener el pan de cada día y un techo digno; a las que desempeñan oficios sobrecargados sin leyes que las protejan y sin una sociedad que las valore. También a las madres que sufren en el núcleo familiar; sea por los ultrajes o desprecios que a diario reciben; sea por la incomprensión o intolerancia de los esposos y a veces de los hijos; madres que conllevan una pesada cruz en silencio. Asimismo, aquellas madres que han desplegado esfuerzos para lograr cargos de responsabilidad desempeñándose como empresarias, maestras, autoridades, dirigentes sociales y cargos destacados en organismos públicos y privados; mujeres que, paso a paso, han sabido escalar y trabajar para alcanzar una sociedad más justa e igualitaria.
Como iglesia seguiremos trabajando por reconocer su esfuerzo, acompañarlas en sus luchas diarias, protegiéndolas y buscando mejores condiciones de vida tal como lo hizo nuestro Señor Jesucristo al encomendar a su madre a su discípulo, porque sabía que su madre estaba sufriendo entrañablemente y en silencio la crucifixión y muerte de su hijo, quedando en el desamparo de una sociedad patriarcal de su momento.
A cada madre Metodista gracias por su esfuerzo, entrega y dedicación en el desarrollo de la obra de Dios en sus diferentes iglesias locales. Que Dios las guarde y bendiga siempre.
«Que se le dé el reconocimiento que merece; y se le felicite en público por todo el bien que ha hecho». Proverbios. 31:31 (PDT).
